Tardeo... ¿o Afternooning? La anglicanificación del lenguaje

En la anterior publicación descubrimos que la palabra “tardeo” viene del latín y que sus connotaciones lingüísticas eran bien diferentes respecto a las actuales. En nuestros días ya no tenemos un Imperio Romano que controle los quehaceres de la vida cotidiana en nuestra querida Hispania, pero desde principios del siglo pasado existe otro imperio en el otro lado del charco que ha conseguido situar el inglés como la lengua predominante del mundo. La dominación cultural de los Estados Unidos frente al resto del mundo ha provocado, entre otras cosas, cambios en nuestra manera de comunicarnos. Esta adaptación del lenguaje se llama anglicanificación, y esta está presente en nada más ni nada menos que en la propia palabra “tardeo”.

Si bien es cierto que la raíz léxica tardus viene del latín, no es menos interesante esa manía que hemos cogido los hispanohablantes de añadir un -eo al final de muchas palabras. La palabra “tardeo” se ha popularizado sobre todo debido a cierto rasgo de la anglicanización del lenguaje, y este es el de adquirir la costumbre inglesa de añadir un sufijo (“-ing”) a cualquier sustantivo para formar un neologismo. En casos como la palabra “juego”/”game”, hemos apropiado directamente la palabra “gaming”, pero en el caso de “tarde”/”afternoon”, hemos añadido el sufijo “-eo” (del latín “-eus”, usado para indicar relación o pertenencia) por pura economía de lenguaje, pues “afternooning” es más largo que “tardeo”. Y así de bonita nos ha quedado la palabra al final: corta, económica y muy descriptiva para hacer en nuestras terrazas y bares aquello que los ingleses desearían poder hacer más allá del interior de un pub.

El primer ministro inglés Boris Johnson, con una pinta en la mano

En la actualidad, la relación  de los españoles con el mundo anglosajón es más que evidente, y este no es el único ejemplo de palabras adquiridas para referirse a momentos cotidianos relacionados con la comida. El brunch es el concepto más famoso de todos, un monosílabo coqueto que hemos adquirido directamente para poder decir de manera elegante que vamos a comer pronto, o directamente hacer un almuerzo largo y estar de “mañaneo” hasta el mediodía, aunque muchos españoles nos referimos a esta práctica como “hacerse un almuerzo de funcionario”.

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