Los cambios de la noche: crisis y digitalización

La crisis económica del 2008 supuso profundos cambios en ciertas prácticas culturales de nuestras sociedades. Por ejemplo, en el caso de España, hemos podido ver cómo durante la década siguiente a la crisis han acabado cerrando el 64% de las discotecas, y también cómo cada vez más y más jóvenes se decantan por la opción del famoso botellón. La ecuación es clara: una menor capacidad de consumo equivale a un consumo más barato, y no hay nada más barato que compartir una botella de alcohol malo comprado en el supermercado entre varios amigos en mitad de un parque. Esto es un hecho, y aunque actualmente estamos viviendo otro tipo de contexto de ocio por la situación pandémica (basado principalmente en la culpabilización de la fiesta y los jóvenes, de lo cual hablaremos en próximas entradas) no deja de ser interesante preguntarnos varias cuestiones, ¿qué cambios culturales ha supuesto la crisis? ¿Somos acaso menos fiesteros que las generaciones anteriores, o simplemente ha cambiado el ocio tal y como se conocía?

Si nos basamos puramente en los datos en cuanto a la juventud y el tiempo libre, veremos que en el año 1999 había un 64% de jóvenes que salían todos o casi todos los fines de semana, según estudios de la Fundación Santamaría y el Instituto de la Juventud (Injuve). Esto, analizado desde una perspectiva más sociológica, es el producto de las consecuencias de los últimos remanentes de la conocida como “ruta del bacalao”, de la “movida”, y de las prácticas culturales relacionadas con el destape que se dio lugar especialmente a lo largo de los años 80. Ya en los años del cambio de siglo se mantenía, tal y como hemos visto en los datos anteriormente reflejados, una masa considerable de personas que estaban dispuestas a salir de fiesta los fines de semana. Esa “fiesta” se entendía básicamente en el consumo de alcohol (y en muchos casos, de drogas blandas y fuertes) principalmente en discotecas. De hecho, la “ruta del bacalao” no podría haberse entendido sin el papel fundamental que jugaban discotecas como Masia, Spook o Chocolate. Sin embargo, si nos vamos a los datos actuales podremos ver que ese porcentaje de jóvenes que salen de fiesta los fines de semana ha caído al 21%. En el otro lado del espectro social, es decir, aquellos jóvenes que no salen nunca o casi nunca de fiesta, es donde vemos el mayor incremento, ya que en 1999 ese porcentaje se reducía a tan sólo un 3,5% de jóvenes, mientras que, a día de hoy, son un 23% del total en la juventud.

Los datos ofrecidos nos llevan a varias conclusiones acerca de las prácticas de ocio de los jóvenes. La primera, es que aquellos que sí salen de fiesta lo hacen en la calle, al aire libre, y esto ha ocasionado el encarecimiento de las entradas de las discotecas por la ley de la oferta y la demanda (hay mucha menos oferta de discotecas para algo menos de demanda), lo cual ha generado un efecto bola de nieve en el que el ocio de discotequeo es, simplemente, menos viable. La segunda conclusión es que hay muchísimos más jóvenes que en sus fines de semana simplemente deciden no salir de fiesta, y esto no sólo se debe al encarecimiento de las discotecas o a los cambios de modos de consumo del ocio. Este fenómeno coincide con la revolución digital que hemos vivido a principios de nuestro siglo, y este proceso sociológico tiene mucho que ver, ya que antes de esta revolución el hecho de quedarse sólo en casa se concebía como algo aburrido, y esto era cierto, quedarse en casa equivalía a quedarse viendo la tele o leyendo para entretenerse. Sin embargo hoy en día esto no es así, puedes ver cualquier película o serie de cualquier género en el momento que quieras, y esto no es algo que tengas que hacer sólo ya que plataformas como Netflix dan mucho a pie de disfrutarlo compartiéndolo con amigos. También puedes jugar al videojuego que quieras, incluso de manera online, jugando con tus amigos desde la comodidad de sus casas y con la capacidad de comentar en tiempo real el juego que estáis viviendo. Nunca las viviendas se habían parecido tanto a un parque de atracciones como antes, y esto es algo que ha influido en la caída del negocio de la vida nocturna de manera considerable.

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